jueves, 12 de junio de 2014

El Balneario de la Puda 2.0

A mediados del s. XIX el punto de máxima atracción turística de Banyoles era la Font Pudosa, conocida por sus propiedades medicinales. Sus aguas sulfuro-carbonatadas se aconsejaban para el tratamiento de enfermedades de la piel y de los huesos. También para los problemas de circulación sanguínea y de las vías respiratorias.

El turismo del s. XIX era un turismo tranquilo, de pasear y tomar aguas medicinales. A finales de siglo, a la Font Pudosa, se le añadió el encanto del Lago de Banyoles. Se podía admirar la belleza de su paisaje, pasear tranquilamente, tomar las aguas medicinales del balneario, ir en barca...

Desde el s. XV se conocía la Font Pudosa, y antes del s. XVI existía un Rec de la Font Pudosa, pero no fue hasta el s. XVIII cuando se reconoció el poder curatorio de sus aguas. Desde entonces asistieron regularmente enfermos en busca de curación. En el 
s. XIX la ciudad de Banyoles dedicó grandes esfuerzos a potenciar la Font Pudosa.

En el año 1829 el ayuntamiento construyó una fuente y una plaza. En el año 1847 se contruyó un pequeño edificio con dos bañeras, y en 1848 una carretera. En el año 1850 se construyó una nueva plaza con una fuente piramidal en el centro. También se amplió el edificio de Can Fontpudosa con diez baños. El balneario se edificó en el año 1862.

Con la construcción del balneario, que estuvo abierto hasta los años 50, llegaron los primeros turistas. En sus mejores tiempos llegaron visitantes de Girona, Barcelona, Francia y Australia. En la plaza se vendían los "carquinyolis" y las famosas "cansalades".

En el balneario, siempre dirigido por un médico de prestigio, los enfermos se podían bañar (con bañera de gres esmaltada o de mármol, según si eran de primera o segunda clase), duchar, inhalar o recibir pulverizaciones de gases.

En la segunda mitad del s. XIX el promedio anual de personas que visitaron el balneario fue de 800. Como el balneario no disponía de alojamiento (cada verano todas la fondas de la ciudad estaban al completo) algunos vecinos alquilaban habitaciones a los visitantes. Así los enfermos o turistas aportaban importantes recursos económicos a una población que en aquellos momentos estaba muy necesitada.